Aviso: Se requiere JavaScript para este contenido.
Analía Sandleris | Fundación Itaú Uruguay Analía Sandleris - Fundación ITAU — Institución educativa en Montevideo, Uruguay

Analía Sandleris:
“Hoy armo la paleta con mucha libertad”

19/09/2018

Analía Sandleris trabajó más de cinco años en una exposición que la desafió a crear obras de gran formato y que se inauguró recientemente en el Museo Nacional de Artes Visuales. Si bien la artista asegura que no se propuso pintar sobre un tema concreto, la palabra que más resuena luego de escucharla hablar sobre el proceso de construcción de esta muestra es “libertad”.

¿Cómo fue tu contacto con el arte desde niña?

Empecé a tener contacto con el arte porque mi abuela era pintora. Yo iba a su taller como una nieta que va a divertirse. Ese día para mí era de juego, un espacio de mucha libertad. Mi abuela era veterana pero era una mujer muy ágil. Hacía yoga y tenía una cabeza abierta. Estaba despegada para la época. No era la típica abuela. Recuerdo que preparaba los óleos con aceite linaza y llenaba los antiguos pomos de plomo. Para mí todo ese procedimiento era mágico. Calculo que en esa época yo debía tener cinco años. Hoy me doy cuenta que me da mucho placer preparar la paleta. Me lleva mucho rato, es como que me voy concentrando. Me gusta la textura de la pintura, los brillos, los colores, es como un momento que voy entrando en el clima del trabajo. Creo que de niña sin darme cuenta también me debería pasar eso. Hoy armo la paleta con mucha libertad, porque pongo los colores donde se me ocurren de la manera que sé que los voy a usar. En aquel momento preparaba una paleta como se debía hacer. En cada área iba el color que tenía que ir. La zona de mezclar y de preparar era perfecta.

¿Hay algún recuerdo particular que te haya quedado grabado de esos días de taller con tu abuela?

Sí hay algo que no se me borró. Un día propuso salir del taller a pintar paisajes. Fuimos a pintar al Puerto del Buceo, me acuerdo que hice todos los barquitos y después se me ocurrió dibujar una dama antigua, algo espantoso, todavía lo tengo por ahí.

Empezaste a pintar de una forma natural, casi como un juego ¿Cuándo comenzaste a sentir que podía ser su trabajo y una profesión?

En mi primer año de liceo tuve de profesora de dibujo a María Freire. Yo era una gurisa más, que estaba ahí en la clase. Ella habrá visto algo en mí que nunca supe qué fue. Me decía “dibuja, vos dibuja, hacé lo que estás haciendo”. O sea no tenía ningún plan, solo me incentivaba a que dibujara. Un día me propuso presentarme a un concurso de pintura. Averigüe y era para mayores de edad. Tenía doce años. En ese momento no sabía ni quien era María Freire, para mí era mi profesora de dibujo del liceo. Después me enteré.
Luego fueron pasando pequeñas cosas que me fueron llevando hacia la pintura. En aquel entonces me planteaba más bien que tenía que estudiar. Se me ocurrió estudiar Derecho. Empecé la facultad y no me gustó mucho, pero en forma paralela fui al taller de Félix Bernasconi en el año 78. Él tenía el taller abierto desde las dos de la tarde a las diez once de la noche, o sea que podías ir todos los días a la hora que quisieras y te podías quedar todo el día. De alguna manera el compromiso se iba generando con el tiempo que estabas allí. Me encantaba el taller. Tampoco me planteaba nada y empecé a ir todos los días. Dejé derecho, me anoté en psicología pero seguía yendo al taller. Allí tomé un contacto diferente, porque no era lo mismo el vínculo que yo tenía con la pintura, cuando iba al taller de mi abuela. Ahí se organizaban algunas actividades de exposiciones de alumnos y llegó un momento en el que Félix me empezó a incentivar para que mostrara. Habían pasado ya unos años. Y un día me preguntó que me parecía si dejaba de ir. Para mí fue horrible.

¿Por qué te propuso que no fueras más?

Porque yo había empezado a indagar en una cantidad de técnicas, en el collage, y estaba trabajando con algodón virgen. Creo que él me lo dijo en una buena, para darme para adelante y para que trabajara sola. Creo que estuvo bien porque me incentivaba a que levantara vuelo. Un acto muy generoso y de mucha humildad también.

¿Cuándo fue la primera vez que decidiste exponer sola?

En el año 83 en la Galería de la Ciudadela. Para mí fue bárbaro, un espacio nuevo con gente joven, que me invitaran a exponer. Fue maravilloso. Después de ahí seguí pintando.

Luego pasaste también por otros talleres de grandes maestros.

Sí, después de un tiempo decidí ir a lo de Nelson Ramos. Fue un tiempo corto, se juntaron temas de mi vida personal, terremotos, y dejé de ir. Pero estuvo bueno. Y luego más adelante fui a lo de Guillermo Fernández y fue algo fabuloso. Ahí ya era grande yo y trabajaba hacía mucho tiempo. Guillermo súper divino como era él, amoroso, me decía “pero te parece”. Yo quiero venir y empezar a hacer ejercicios le dije. Porque sentía que había algo que me trancaba. Capaz no era algo que yo no supiera hacer técnicamente y era algo de otro orden, psicológico a lo mejor. Pero me trancaba.

¿Y qué fue lo que te resultó tan valioso de ir a lo de Guillermo?

Guillermo me puso en un cuartito y me dio unos pedacitos de papel chiquitos, una cantidad. “Cortá esto”, me dijo. Y yo solo hacia ejercicios en esos papelitos. Lo maravilloso fue que ahí llegué a entender algunos de los temas visuales. Se me abrió un mundo. Fueron herramientas que sigo utilizando.

¿Cómo cuáles por ejemplo?

A veces, estoy trabajando y tengo dudas. Y muchas veces hay algo que me hace volver ¿Qué es lo que me falta? Me pregunto. Y creo que hay algo de lo que aprendí con Guillermo que es donde encuentro la cosa para resolver. Me doy cuenta que esto no se está acompañando con lo otro o que me falta algo de la estructura. De repente es un punto, o algo mínimo. Siempre tengo la imagen de todos sus ejercicios. A veces estoy trabajando y no lo puedo resolver, entonces me siento con un block y dibujo la misma obra de forma muy rapidita y le busco la solución. La presencia de Guillermo me reafirmaba algo. Con dos palabras, con un gesto, con un comentario.

¿Con el pasaje por talleres de grandes maestros tu obra se fue modificando?

Si, asocio un proceso. Lo que pasa que junto con ese aprendizaje yo también iba creciendo. Estamos hablando de una niña de 5 años a ser una mujer de 30. Creo que no es lo mismo lo que yo pude aprender, reflexionar, o tomar en lo de Guillermo a cierta edad, que si hubiese ido a los 20. Capaz que a los 20 me hubiese parecido hasta aburrido. Me parece que igual lo que te queda de los talleres va más allá del tiempo puntual en el cual asistís al lugar. Es lo que decanta después.

¿Y qué decantó de cada uno si lo tuvieras que resumir?

Creo que de Félix Bernasconi me quedó el tema de la dedicación y de la persistencia en el trabajo. Él se sentaba a dibujar cuatro horas por día. Me parecía admirable esa cosa de estar en el taller de la disciplina. Porque estando en el taller siempre pasa algo. Lo bueno viene pegado a lo malo. A veces te ponés a ordenar un estante, decís voy a agarrar unos papeles viejos porque total como es todo una porquería lo que me sale, no voy a estropear un papel nuevo. Y de repente aparece algo. Y eso pasa si estás ahí, no sucede si estás en otro lado. Lo de Nelson fue diferente, tenía más que ver con cómo organizar ciertas cosas. Algunos temas del color que me parecían muy importantes. Y en el caso de Guillermo el poder comprender por qué y cómo funcionan las cosas. Eso fue muy importante. Por algún motivo siempre lo sentí como un respaldo, como que él estaba ahí. Para mí su muerte fue una perdida espantosa.

Decías que “hay días que uno se levanta y no le sale nada” ¿Hay un estado especial o una forma en la que sentís que las cosas fluyen mejor?

No tengo que estar de ninguna manera en especial. Creo que hay factores que no se entienden. A veces las cosas no te salen y no te salen y no te salen. Y ves que no te van a salir nunca. Pero lo bueno viene pegado a todo eso malo también. Es como necesario pasar por eso. Ahora ya lo sé, pero cuando era más joven me resultaba frustrante y tenía muchas dudas. Hoy me pasa que de repente un día me pongo a trabajar y me engancho, pero a veces estoy trabajando una cosa grande y al lado tengo un papelito y agarro el papelito y de repente tomo otro camino. Pero ese papelito me sirve para resolver, o es algo que ya me sirve para seguir trabajando después.

No hace mucho comenzaste a estudiar botánica y jardinería y actualmente trabajás también como paisajista ¿Cómo surgió ese interés?

Empecé a estudiar jardinería de grande. Fue algo que me surgió. Me inscribí en la escuela Municipal de Jardinería que es una tecnicatura. Tenía una carga horaria muy importante, eran tres años y me fui enganchando. Pasaron dos o tres cosas que me parecieron maravillosas. Una fue el reconocimiento vegetal, poder ver y saber qué es lo que tenés en frente y otra fue la botánica. Tuve un profesor maravilloso y pude entender cosas de las plantas que son increíbles. Como que de una yema se puede entender todo el crecimiento de un vegetal, desde principio a fin. Ahí me fui enganchando y de eso no hace tanto tiempo tampoco. Actualmente estoy trabajando en proyectos de paisajismo también.

¿Esas dos facetas, la artista y la paisajista, cómo dialogan en el día a día?

Siempre estoy viendo cómo puedo unir las dos actividades. Me doy más cuenta cómo llevo el mundo de la plástica al paisajismo, me es fácil verlo.
Porque es natural, es como cuando vas a diseñar algo: definir formas, que se acompañen los colores. Tener cuidado de poner tal o cual color tan cerca porque se te va a venir arriba. Para generar más espacio buscar un color frío o un follaje que es muy abundante darse cuenta a tiempo que va a tapar. Todo eso tiene que ver más con un tema de las artes plásticas y lo aplico porque lo tengo incorporado, no me implica ningún esfuerzo. Manejar las formas, las texturas, hay plantas que son más peludas, otras menos, unas brillan, otras son opacas. Como en un cuadro y eso sale naturalmente.

Esta exposición de gran formato ¿cómo la concebiste y cuál es su hilo conductor?

Esta exposición me la propusieron como hace como cinco años. Es una oportunidad porque yo siempre trabajaba en tamaño muy chiquito y en unas medidas con las que me podía manejar. Pero siempre tenía la fantasía de pasar a otro tamaño, pero me costaba lo práctico. Es todo un tema tener un lugar donde guardar la obra porque no tengo un taller muy grande. Pero sentí que ésta era la oportunidad de pasar a ese formato y me propuse empezar y ver si me sentía cómoda. Hay algo que venía notando en mi trabajo desde hace tiempo y es que estaba saturando la superficie. Necesitaba más blanco, dejar espacios más libres. Hacía bastante tiempo que estaba con ese tema y este tamaño me dio esa oportunidad. Pude dejar libre esos espacios. En estos años fueron años en que mi obra se fue como complejizando. Seguía trabajando y seguía trabajando y armando y componiendo. No es que me quedara mal después, pero muchas veces pensaba, “si esto lo hubiese terminado antes…”. Eran como muchos cuadros en uno. En base a eso también me propuse trabajar con una paleta muy reducida. Cuando fui a llevar la obra y la presenté me di cuenta que quería que quedara despojado y libre el espacio. Son 16 piezas de gran tamaño todas iguales, ocupando todo el lugar.

¿Con qué colores trabajaste?

Usé blanco, negro, siena, tierra y un rojo, nada más.

¿Hay un tema en esta muestra?

Yo diría que no. Algunas personas que vieron las obras ven un tema, yo no.

Puedo buscarle a nivel de discurso, pero creo que hay algo que me importa más y en este caso es la pintura. Lo otro es secundario.

¿Por qué pintás?

Me hago esa pregunta muchas veces. Creo simplemente que es lo que tengo que hacer.

Entrevista: Moriana Peyrou
Fotografía: Luis Alonso
Para Fundación Itaú Uruguay


Recibí nuestro
boletín de noticias

Contactate